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Estas son piezas quebradas, agrietadas, pero no rotas, son firmes y muy estables. Destaco la capacidad de contracción que permite la formación de la grieta natural, irregular, tan bello reflejo de la vida real. El barro realza en su capacidad de decirnos que falta agua a través de las grietas. La tensión interna no le deja encogerse sin quebrar. ¿Se puede ser más de verdad? Cuando es el propio material quien habla, un material anterior a la humanidad, es importante atenderle, y más aún en estos tiempos. Recordemos que lo ancestral, como lo natural, tiene códigos que el ser humano actualmente no comprende, por su falta de empatía, y no puede (o no debería) modificar. Mediante esta obra de elementos en un claro dinamismo equilibrado se evoca la fuerza y la fragilidad de un material, el barro, en el que se puede apreciar un comportamiento de la tierra. La cualidad física de la obra nos podría llevar a la interpretación de un mensaje antiguo y profundo, que nace del interior de la tierra. Si la tierra nos manda un mensaje y como receptora de éste lo transcribo automáticamente, hago de esta obra un medio de expresión para un código cuyo significado desconozco. Sin saber lo que dice, podemos ver cómo lo dice; al apreciar la forma podríamos percibir un mensaje, la forma es la que habla. Confío en que los espectadores interpreten, piensen, sientan, o traduzcan la información visual según sus propias ópticas.